Desafío en familia

NÚCLEO TEOLÓGICO 6: El Espíritu Santo es Dios

PRINCIPIO BÍBLICO 4: El Espíritu Santo obrando en el Antiguo Testamento

VERSÍCULO CLAVE: «Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre demi madre» Salmo 139:13

ENFOQUE: Él nos ha formado desde el vientre

Encuentro 4: !Con amor me formó!

¡Hola, familias! En este encuentro nos sumergimos en una verdad maravillosa: el Espíritu Santo, que es Dios, es el dador de vida que nos diseñó con amor desde el vientre materno. ¿Qué significa esto para nuestros pequeños? A esta edad, ellos descubren el mundo a través de sus sentidos y del afecto que reciben de ustedes; por eso, buscamos que, a través del contacto con diferentes texturas, el ritmo de los latidos del corazón y el calor de un abrazo, ellos comiencen a sentir que fueron pensados y tejidos por Dios con absoluta delicadeza. Hoy, el juego y la ternura serán el puente para que cada bebé perciba que, incluso antes de nacer, ya era profundamente conocido y amado por el Espíritu Santo.

Frases para decirle a tu hijo:

● Dios te pensó y te hizo con mucho mucho amor.
● El Espíritu de Dios te dio la vida.
● Eres el tesoro que el Espíritu Santo nos regaló.

¿Cómo orar por mi hijo pequeño esta semana?:

Señor, te pido que mi bebé crezca con la paz profunda de saberse amado por ti desde antes de nacer. Que cada vez que vea su reflejo o sienta mi abrazo, perciba que es tu obra maestra, diseñado con un propósito y lleno de tu alegría. Amén.

Continuemos en casa el desafío de la semana:
No caminantes

Para que los niños sientan el amor de Dios, vamos a transformar la rima que hicimos en el encuentro en una experiencia de conexión total. Aunque ellos son pequeñitos, pueden entender el mensaje a través de sus caricias y sus voces. Sigan el ritmo con mucha dulzura; realicen cada movimiento suavemente sobre el cuerpo de su bebé:

Den dos palmas claras para marcar el pulso y captar su atención.

Antes de nacer, Dios me pensó: Lleven sus manos (o las del bebé) muy suavemente hacia su cabecita.

Con su Espíritu me diseñó: Dibujen con sus manos la silueta del bebé en el aire, recorriendo desde sus hombros hasta sus pies.

Uno, dos, tres… ¡Él me ve!: Jueguen a esconderse, tapándose ustedes los ojos y destapándose con una gran sonrisa.

Cuatro, cinco, seis… ¡Me hizo bien!: Denle una caricia suave en sus bracitos o un beso en sus manos.

En el vientre me cuidó: Denle un abrazo bien apretadito y contenedor, pegando su pecho al de ellos para que sientan su calor.

Y su aliento me sopló: Denle un soplo muy suave en su mejilla o en su cabecita mientras, al mismo tiempo, aparecen las burbujas. Al soplarlas justo en la última frase de nuestra rima, creamos un momento de asombro: es el aliento de vida del Espíritu Santo convertido en juego.

Caminantes

Los bebitos que ya han aprendido a caminar están en plena etapa del “yo solito”. Cada paso que dan es su forma de decir: “¡Miren lo que puedo hacer!”. Aprovechen cualquier caminata en casa o en la plaza para jugar con los ritmos: caminen como gigantes con pasos largos o como hormiguitas en puntitas de pie. Mientras juegan, coméntenles con naturalidad qué pies tan geniales les dio el Espíritu Santo para saltar y descubrir.

Anímenlos también a esquivar “obstáculos” como piedras o ramas, celebrando lo bien que sus ojos y piernas coordinan para cuidarlos. Si se frenan a mirar una hoja o una hormiga, pónganse a su altura y den gracias porque el Espíritu Santo les dio esos pies para llegar a todos lados y esos ojos para asombrarse. Es una forma simple de que sientan que su cuerpo es un diseño perfecto y que el Espíritu Santo es parte de su aventura diaria.

Tips de desarrollo:

Papis, para que esta experiencia sea inolvidable, el secreto es la presencia plena: bajen a su altura, busquen su mirada y dejen que su voz transmita calma. No se preocupen por la perfección de la rima o el camino; el amor del Espíritu Santo se siente en la pausa, en el abrazo apretado y en el asombro por las cosas pequeñas. Recuerden que su contacto físico —un abrazo, un beso, un soplido, una caricia— es la primera forma que tiene el bebé de conocer el cuidado del Espíritu Santo, que es Dios. Disfruten el lenguaje de la ternura y celebren juntos el regalo de la vida en cada gesto cotidiano.

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