NÚCLEO TEOLÓGICO 6: El Espíritu Santo es Dios
PRINCIPIO BÍBLICO 3: El Espíritu Santo, misma naturaleza, diferente persona
VERSÍCULO CLAVE: «Esta es la confianza que tenemos al acercarnos a Dios: que, si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, él nos oye» 1 Juan 5:14
ENFOQUE: ¡Si le hablamos, Él nos oye!

Encuentro 3: Pequeñas voces, grandes oídos
¡Hola, familias! Qué alegría encontrarnos nuevamente. Hoy nos sumergimos en una verdad que nos llena el corazón de asombro: el Espíritu Santo siempre está atento a cada uno de nuestros sonidos. ¿Qué significa esto para nuestros pequeños? A esta edad, la oración no se trata de palabras perfectas. Buscamos que a través del juego entre el silencio y el sonido, ellos perciban que sus voces, risas y balbuceos llegan a Él.
Hoy, el susurro y la ternura de sus abrazos serán el puente para que cada bebé sienta la seguridad de que nunca está solo y de que Él le oye con un amor infinito. Invitamos a cada familia a disfrutar de este espacio con libertad, donde descubriremos juntos que, por más pequeña que sea nuestra voz, para el Espíritu Santo es el sonido más hermoso.
Señor, gracias por cada balbuceo y cada risa de mi hijo. Que su voz siempre encuentre eco en tu corazón y que aprenda desde chiquito que Tú siempre le oyes con amor. Amén.
Antes de hacerlo dormir, aprovechen la cercanía física con su bebito. Busquen un instante de silencio total y susúrrenle al oído mientras lo hamacan o mecen despacito: El Espíritu Santo te escucha cuando ríes y cuando descansas. La repetición del susurro ayudará a crear una asociación de paz con la presencia del Espíritu Santo.
Utilizando los vasitos como teléfono del encuentro, o simplemente colocando tus manos alrededor de su oído, jueguen a decir mensajes cortitos como: “Él te ama” o “Él te escucha”. Inviten a su bebé a que él también hable. Celebren sus palabras o balbuceos como un mensaje importante que llega directamente al Espíritu Santo.
Los niños necesitan sentir que cada sonido o intento de habla es valorado como un mensaje importante. Cuando responden a sus balbuceos, fortalecen su deseo de comunicarse y les muestran que su voz es escuchada y amada, tanto por quienes los rodean como por el Espíritu Santo. No importa si hay mucho ruido o mucho silencio; lo esencial es que el pequeño perciba que su voz es apreciada y que Él está presente en cada sonido de su día.
También es importante que utilicen siempre una voz dulce y pausada al dirigirse a ellos. Para los niños de esta edad, la manera en que se les habla transmite ternura y atención, ayudándolos a comprender cómo el Espíritu Santo los escucha con amor.