NÚCLEO PRÁCTICO: Dios desea mi desarrollo personal y mi crecimiento en las relaciones con los demás
PRINCIPIO BÍBLICO 8: El papel del cristiano ante un conflicto
VERSÍCULO CLAVE: «Obedezcan mis mandamientos y aprendan de mí, pues yo soy paciente y humilde de verdad. Conmigo podrán descansar» Mateo 11:29 (PDT)
ENFOQUE: Decido romper los ciclos de violencia en mi forma de relacionarme con otros

Encuentro 8: ¡Detén el espiral!
¡Bienvenido papá! Qué alegría es que llegues a esta sección, por medio de la cual, incentivamos a las familias a ser parte activa de la vida de fe de sus hijos. En nuestro último encuentro aprendimos que Dios renueva nuestra mente y corazón para dejar de actuar de formas violentas al relacionarnos con los demás. Descubrimos que podemos romper los patrones de conductas dañinos para actuar tal y como la Biblia nos enseña.
Para este desafío, queremos animarte a que prepares un espacio tranquilo y relajado para realizar un experimento. Necesitarás los siguientes elementos:
Instrucciones:
Primero dibujen en la hoja un círculo grande y, dentro de él, tracen una línea en forma de espiral (como un caracol) desde el borde hacia el centro. Recorten siguiendo esa línea para que quede una espiral de papel. Luego, hagan un pequeño orificio en el centro y aten desde allí el hilo. Así, quedará un espiral colgante.
Luego coloquen la vela sobre una superficie firme, despejada y lejos de cualquier objeto inflamable. Enciéndanla con cuidado y tú papá, sostén el espiral desde el hilo, manteniéndolo unos centímetros por encima de la llama (sin que el papel toque el fuego). Verán que, poco a poco, el aire caliente que asciende comenzará a mover el espiral y lo hará girar. ¡Será un momento de mucha diversión! Pueden crear espirales más grandes, pequeños, de diferentes papeles y texturas. Luego de un rato de exploración aprovecha el momento para conversar con tu hijo.
Explícale que así como el espiral gira y no se detiene cuando recibe el calor, de la misma manera a veces nuestros pensamientos también dan vueltas una y otra vez en la mente. Pregúntale si alguna vez le pasó que no podía dejar de pensar en algo que ocurrió, especialmente en una situación que le molestó o le dolió. Ayúdalo a entender que eso es algo que nos pasa a todos, pero que necesitamos aprender a manejar esos pensamientos.
Cuéntale que, si no prestamos atención, esos pensamientos repetitivos pueden empujarnos a actuar mal. Por ejemplo, cuando tenemos un conflicto con alguien, puede aparecer el deseo de vengarnos o “devolver lo mismo”. Si guardamos eso en silencio y no lo hablamos con un adulto que nos guíe ni se lo entregamos a Dios, puede llevarnos a reaccionar con agresividad. Lo mismo sucede con la tristeza profunda, el enojo o la angustia: si no los procesamos correctamente, terminan influyendo en nuestras decisiones.
Luego, lean juntos el Salmo 139:23:24
«Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos. Ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno.» Salmo 139:23-24
Querido papá, anima a tu preadolescente a hablar siempre de lo que piensa y siente. Invítalo a expresar incluso aquello que le dé vergüenza y recuérdale que puede confiar en ti. Enséñale a detenerse, pensar y filtrar sus acciones a la luz de lo que Dios desea. Recuérdale que la violencia nunca es el camino y que, aunque los pensamientos de ira aparezcan, siempre tiene la posibilidad de frenar, reconsiderar y elegir actuar con dominio propio y sabiduría, tal y como Dios desea. Para terminar tomen un tiempo profundo para orar y pedir ayuda al Señor.