NÚCLEO PRÁCTICO: Dios desea mi desarrollo personal y mi crecimiento en las relaciones con los demás
PRINCIPIO BÍBLICO 7: Prevención de la violencia
VERSÍCULO CLAVE: «En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación; y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con dominio propio, justicia y devoción». Tito 2:11-12
ENFOQUE: Ejercito el control propio en mi actitudes y acciones hacia otros

Encuentro 7: STOP: ¡Siempre tengo la opción de pensar!
Hola papás, que alegría nos da volver a encontrarnos por este medio. Creemos en la importancia que tiene este tiempo que le dedican a su hijo de manera significativa y especial, ya que ser intencionales en la crianza y en la relación paternal genera una confianza inmensa, que da su fruto a lo largo de los años.
En esta oportunidad, descubrimos cómo la obra de Jesús en nosotros transforma nuestra vida y nos hace disfrutar de un regalo súper útil y bello: el control propio. Con este regalo somos capaces de darle otro final a las situaciones que día a día se nos presentan, tomando buenas decisiones y pensando previamente antes de actuar. En nuestro último encuentro, hablamos del bullying y sobre cómo éste trae consecuencias dañinas en la vida de las personas. Es por esto que hoy los invitamos a ser intencionales y atentos, porque creemos que, por medio del poder de Dios, este tiempo con su hijo será importante para que él pueda verlos con confianza y crecer en su relación juntos.
Para completar el desafío de esta semana necesitarás preparar con anticipación:
Invita a tu hijo a hacer una tarea especial: este día será tu ayudante de carpintería. Pueden ir a un lugar al aire libre con una mochila llevando todos estos materiales, el jardín de tu casa, el garaje o algún espacio donde puedan tener libertad de manipular estos elementos.
Tú tienes una gran tarea: clavar los clavos en la madera. Puedes mostrarle a tu hijo cómo se hace en el caso que no sepa, y explicarle para qué sirve cada elemento. No es necesario que se haga perfecto, la meta es que la madera quede marcada con los clavos y los golpes del martillo. (No los claves del todo, porque luego los tendrás que sacar). Luego, usando la misma madera ayuda a tu niño a clavar un pequeño clavito sobre ella.
Guíalo paso a paso, y ayúdale explicándole cómo se golpea la madera cada vez que se martilla, y antes de clavar el clavo por completo, frenen e intenten sacarlo. Si lo logran, miren el agujero o las marcas que quedaron en la madera. Pueden hacer una competencia divertida, uno clava y el otro intenta sacarlo.
Tras unos minutos de diversión, reflexiona con tu hijo diciendo: hay muchas actitudes, palabras o pensamientos, que funcionan cómo estos clavos, y nosotros como esta madera. Las palabras y las acciones nos dejan marcas en nosotros que son muy difíciles de remendar con nuestras fuerzas.
En la escuela, con nuestros compañeros, hay veces que hacemos o nos hacen bromas pesadas, o tienen actitudes como estos clavos. Que nos hieren, nos lastiman, nos perjudican, y nos hace mal. Quizás también somos nosotros los que dejamos estas marcas. Las marcas a veces generan daños físicos, pero hay otras veces que dejan heridas internas, quiere decir que no se ven, pero están en los sentimientos o en el corazón. Y esto es muy cruel.
Dios, nos invita a vivir una vida alejada de las malas acciones, porque Él quiere tanto nuestro cuidado, como el cuidado de nuestros prójimos. Porque no es parte de su plan que las personas terminen con estas heridas. Es por esto que por medio del Espíritu Santo nos ha dejado un súper regalo: el control propio.
Muéstrale a tu hijo el guante y aprovecha a explicar cómo funciona el control propio: es cómo ponerse el guante del STOP, aunque tú eres el que manipula y toma las cosas, en tu interior está el Espíritu Santo que te ayuda a frenar la mano, hacer un STOP y pensar antes de actuar. Cuánto más practiquemos el control propio, mejor nos saldrá tratar a los demás, y no “clavar” sobre ellos palabras, o acciones que lastiman.
Comparte con tu hijo el guante para que se lo ponga, y jueguen a clavar la madera, pero interviniendo con la palabra STOP. Cuando él la escuche, tendrá que quedarse quieto la mayor cantidad de tiempo posible con el martillo en la mano, mientras puedes hacerle cosquillas o mover algunas cosas a su alrededor para que sienta la dificultad y quiera practicarlo, pero él no tendrá que hacer ningún movimiento.
Luego, saca las curitas de la mochila y continúa diciendo: Hijo, algunas veces, estas marcas ya están impresas en nuestro corazón, causando heridas grandes…pero la mejor solución para estas situaciones es: Jesús. Él está atento a nuestros sentimientos y nos acompaña también en la escuela y a cada lugar donde vamos. No es su plan que lastimemos a los demás, pero tampoco es su plan que nosotros recibamos algún daño, es por esto que quiere sanarnos de cada herida, y darnos voz para que podamos comunicarnos con otros si sucede algo feo, para pedir ayuda.
Abran sus Biblias en 2 Timoteo 1:7 y conversen sobre el versículo. Cuéntale a tu hijo que Dios mismo vive en su interior y su obra lo ayuda a actuar de la mejor manera.
«Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio». 2 Timoteo 1:7
Terminen el momento orando juntos, dando gracias a Dios por el regalo del control propio que nos permite hacer STOP y pensar antes de actuar para no lastimar a los demás, también agradezcan por la sanidad que viene de parte de Jesús a cada herida. ¡Querido papá!… Pueden exponer sus corazones y ser intencionales en este momento, aprovechando para nombrar alguna herida que hayan atravesado en la semana y pídanle ayuda a Dios para sanar y comportarse de la mejor manera a partir de ahora.