NÚCLEO PRÁCTICO: Dios desea mi desarrollo personal y mi crecimiento en las relaciones con los demás
PRINCIPIO BÍBLICO 2: La comunicación que construye
VERSÍCULO CLAVE: «Con un pequeño timón los pilotos obligan a grandes barcos a ir adonde ellos quieren, aun en medio de fuertes vientos. De la misma manera, la lengua es una pequeña parte del cuerpo, pero presume de grandes cosas.» Santiago 3:4-5 (PDT)
ENFOQUE: Uso mis palabras y mis gestos para comunicarme de forma saludable con quienes me rodean y para disculparme con otros

Encuentro 2: ¡Una aventura en alta mar!
¡Hola papis! Estamos muy contentos de compartir juntos este Pack “La obra de Jesús en mí es amarte a ti”. En nuestro último encuentro aprendimos de manera intencional sobre la elección que podemos tomar al comunicarnos con los demás: de forma amigable y asertiva. Descubrimos que nuestras palabras, gestos y actitudes nos ayudan a relacionarnos mejor, gracias a la obra que Jesús hace en nosotros.
Para esta ocasión, te invitamos a preparar un tiempo intencional con tu pequeño. Escoge un día de la semana y aparta un momento a solas con tu hijo. Ten todo preparado de antemano y dedica ese día a usar palabras amigables con él, ya que es importante que vea en ti todo lo que luego hablarán.
Hoy tendrán un desafío súper especial y divertido. Será una tarde memorable para ti y tu hijo, juntos tendrán una experiencia navegante. Podrán identificar juntos las características de una “Comunicación agresiva” o no-amigable, y una “Comunicación amigable” y descubrir el impacto que éstas tienen en otros.
Para ello, necesitarás:
Coloca una manta en el piso y lleven todos los materiales rodeando el recipiente con agua. Deberán armar barcos de papel, plegando el papel de la manera más sencilla que puedan. Puedes enseñarle a tu hijo a construirlos con sus manos. Cuando los tengan listos, apóyalos en el agua y vean cómo flotan. ¡Es un momento emocionante si no lo han hecho antes, será memorable!
Comienza a hablar en este momento sobre los tipos de comunicación que hay. Por un lado, tenemos una comunicación agresiva y por otro lado una comunicación amigable. La comunicación agresiva puede ser ilustrada como una comunicación pesada, entre ellas se encuentran las palabras, gestos o actitudes hirientes, que dañan al otro, que lo lastiman, lo hacen llorar o sentirse inseguro. Cuando nos comunicamos de esta manera, es como si le estaríamos colocando un gran peso en el corazón del otro.
Toma los objetos pesados y ponlos encima de uno de los barcos de papel. Verán como la suma de objetos logran hundirlo. Así funciona con las palabras, gestos y actitudes agresivas. Son como los objetos pesados que hunden el barco. Piensen en ejemplos concretos: como revolear los ojos, cruzarse de brazos, expresar palabras groseras, ofender al otro con mis dichos, dar la espalda cuando estoy enojado, castigar al otro con mi silencio si no me gusta algo.
Pero, gracias a la obra de Jesús en nosotros, podemos elegir otro tipo de comunicación: una amigable. Coloca pequeños bollitos de papel, o de lana, algunos botones pequeños por encima del otro barco de papel que está en el agua. Miren juntos cómo se mantiene a flote y no se hunde. ¡Qué bueno que podemos elegir esta comunicación!
Se intencional con tu hijo, preguntándole qué palabras, gestos o actitudes podemos desarrollar a partir de la obra de Jesús en nosotros, entre ellas se encuentran: hablar con calma, gestos de perdón, actitudes de ayuda al prójimo, palabras de apoyo, de interés, amigables.
Luego, abre tu Biblia y lee con tu hijo en Santiago 3:4-5.
«Fíjense también en los barcos. A pesar de ser tan grandes y ser impulsados por fuertes vientos, se controlan por un pequeño timón a voluntad del piloto. Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa!» Santiago 3:4-5
Conversen sobre el poder que tiene la lengua para destruir o hundir a los demás. El plan de Dios para sus hijos es que podamos comunicarnos de una manera sana con las personas que viven a nuestro alrededor, aun cuando estemos enojados y frustrados.
Luego de conversar sobre el texto y cómo aplicarlo en la vida diaria, tomen un momento para abrir el corazón. Este es un buen espacio para que puedas sincerarte con tu hijo: si en algún momento tu manera de comunicarte lo lastimó, puedes pedirle perdón y explicarle que estás dispuesto a mejorar. También puedes animarlo a que él comparta cómo se siente y recordarle que lo acompañarás en su propio proceso para comunicarse mejor, si así lo desea. Después de este intercambio de disculpas y compromisos, oren juntos a Jesús. Agradezcan que Él les da la oportunidad de elegir una comunicación correcta y que, aun cuando no lo logramos, siempre podemos restaurarla a través del perdón.